En el amor no basta atacar, hay que tomar la plaza.
Ovidio
El enamorado lucía con orgullo un frondoso y varonil bigote negro, poblado con vehemencia, muy a la moda turcomana, con largo y brillante pelo negro que caía curvo desde donde nacen los orificios nasales hasta por encima de su boca, ocultando sus labios.
Si hubiera una asociación o hermandad lusitana de amigos del bigote, el enamorado podría desarrollar una fructífera y feliz carrera en su junta directiva. El enamorado era portugués.
Gran bigote, -pensé yo con juicio profesional evocando otros bigotes más acomplejados e indecisos tipo expresidente del gobierno– rotundo, pero incompatible con el buceo.
- Es que me quiero prometer bajo el agua -dijo nada más entrar.
-¿Perdón?
- Sí, verá… quiero pedir a mi novia en matrimonio y se me ha ocurrido hacerlo debajo del agua.
-¿Por alguna razón en particular?
- Me parece original.
- Lo es, sin duda, pero ¿saben ustedes bucear?
- No.
- Pues convendría que aprendieran primero.
Le propuse un bautismo de buceo. Estábamos en temporada de verano y cada día hacíamos bautismos en grupo. Para su caso particular pensé que no les vendría mal un poco de intimidad por lo que les propuse dos opciones: hacerles un bautismo privado para ellos dos y así poder celebrar su ceremonia de compromiso matrimonial sin miradas curiosas, o hacer el bautismo en un grupo y tal vez quedarme con ellos diez minutos al final para que tuvieran tiempo para sus cosas.
La primera opción conllevaba el desembolso de una tarifa algo superior por lo que optó por la opción del bautismo en grupo.
Comentamos los detalles de la logística. Él quería regalarle el bautismo a ella y a mí nunca me ha gustado meter en el agua a alguien que no ha decidido por sí mismo que quiere hacerlo.
Es como invitar a alguien a un bistec tártaro sin informarse de si le gusta la carne cruda.
Además estaba el tema del bigote. Le comenté que tendría problemas para sellar la máscara contra su cara por lo que probablemente le entraría agua todo el rato. Le dije que la mejor opción sería afeitárselo antes del bautismo.
Me miró como si le hubiese sugerido que se cortase el brazo derecho y supe que no iría muy lejos por ese camino.
Le dije que como mínimo debería recortarse un poquito la parte superior, bajo la nariz, para que la silicona de la máscara encontrara algo de piel donde hacer su trabajo.
Yo ya había comprendido que cualquier mínima alteración en la configuración de su benemérito ornamento supralabial era innegociable pero tenía que asegurarme de que estaba suficientemente informado y que asumiría la responsabilidad de las consecuencias en el caso –previsible- de fracaso.
Comentamos el tema de la comunicación submarina y tras explicarle que las señales que aprenderían eran muy limitadas –no hay señales estandarizadas para peticiones de matrimonio- le sugerí que preparara su gran pregunta en un folio plastificado añadiendo para la respuesta dos casillas:
A. SÍ
B. NO
Para que la chica pudiera elegir.
A modo de broma sugerí una tercera casilla que tal vez le fuera útil:
C. YA VEREMOS
Quedamos en un día y una hora y llegaron puntuales
La afortunada pretendida era al menos diez años más joven que él -tendría unos cuarenta y cinco- tímida y menuda, prematuramente ajada y reseca por el campo. Llevaba gruesas gafas y su bigote era, con diferencia, mucho más discreto que el de él.
El enamorado buscó un aparte para enseñarme en privado el documento que había preparado. Era un folio impreso en color por las dos caras; se lo había hecho un cuñado suyo que sabía de ordenadores. En una cara había un collage con fotos de sus mejores momentos juntos: ella y él en la playa comiendo sandía, ella y él en un coche de caballos frente a la Giralda de Sevilla, ella y él delante de una jaula con loros, ella y él con una cabra, ella y él bailando agarrados en una verbena de pueblo…sobreimpreso sobre las fotos se podía leer el texto “Hemos vivido tantos bellos momentos juntos”.
En la otra cara había un gran corazón rojo con la gran pregunta: “¿Quieres casarte conmigo?”. Y debajo las tres casillas alineadas:
A. SÍ
B. NO
C. YA VEREMOS.
El problema, según me contó, es que no había tenido tiempo para plastificarlo, así que lo había metido en una funda de plástico para documentos y lo había sellado en un lateral con cinta adhesiva. Según me dijo la estanqueidad estaba garantizada pues la había probado en la ducha con un éxito total.
Yo pensé: “C. Ya veremos”.
Procedimos al curso en sí. Probamos todo tipo de máscaras para el enamorado y mis previsiones se confirmaron rotundamente: no existe una sola máscara en el mundo que selle satisfactoriamente sobre aquel bigote. Escogimos la menos mala de las opciones y le di un tubo de vaselina para que se untara generosamente el bigote con el fin de, al menos, simular un sellado con la máscara. Tras la introducción teórica fuimos directamente a la laguna, una piscina natural de agua de mar que existe justo enfrente del centro de buceo, de unos ciento cincuenta metros de largo y cinco metros de profundidad, ideal para los bautismos.
El grupo era de cuatro personas, y viendo que sería un desastre cogerlos a todos juntos, propuse al enamorado y a su pareja que esperasen fuera del agua hasta que acabara la inmersión con los otros dos y luego los cogería a ellos solos.
La chica buceaba de una forma sumisa y sin problemas, nunca manifestó que le gustara lo que estaba haciendo pero tampoco lo contrario. Con él tuve más problemas: el agua le entraba en la máscara como si le faltara un cristal. Le enseñé a vaciarla soplando por la nariz y al cabo de media hora conseguimos que coordinara su respiración para inspirar por la boca y espirar por la nariz. En el espacio de una respiración la máscara se le llenaba y se le vaciaba completamente.
Conseguí que se pusiera de rodillas a una profundidad de un metro ochenta y que se estuviera quieto llenando y vaciando la máscara constantemente pero entonces llegó el problema del equilibrio. Cada pocos segundos se escoraba y lentamente caía de lado. Yo lo ponía derecho pero al momento caía hacia el otro lado.
Después de caer tres o cuatro veces y deseando acabar con aquello, sacó impaciente su mensaje del bolsillo del chaleco: el fino trabajo de diseño gráfico de su cuñado se había convertido en una bolsa de plástico arrugada y llena de agua con trocitos de papeles de colores irreconocibles.
El enamorado sostenía aquello frente a su pecho con los brazos extendidos, la máscara llena de agua, los ojos cerrados, mientras caía lentamente hacia su lado izquierdo hasta quedarse completamente tumbado sobre la arena.
La señora arrugaba sus ojos miopes tratando de ver algo y me miraba a mí preguntándose si aquello formaba parte del curso y si ella tendría que repetirlo, volvía a mirarlo a él y se encogía de hombros, tratando de comprender el sentido de todo aquello. Yo estaba ocupado enderezando al enamorado y cuando lo tuve de nuevo derecho puse en marcha mi plan B:
Un buen instructor de buceo debe saber adelantarse a los problemas antes de que estos ocurran y yo había hecho mis deberes: saqué del bolsillo de mi chaleco una pizarra submarina donde previamente había escrito: “Quiere saber si se quiere usted casar con él”.
La chica se acercó la pizarra a cinco centímetros de la máscara arrugando de nuevo los ojos para poder leerla, me miró y me dijo que sí con la cabeza. Yo intentaba decirle: “¡A mí qué me cuenta, dígaselo a él!”, pero estaba ocupado enderezando al enamorado que estaba sobre su lado derecho bombeando agua con los ojos cerrados y su bolsita de confeti mojado extendida ante sí.
Decidí que era el momento de dar por finalizada la inmersión así que los saqué del agua, le quité la máscara al enamorado y, estrechándole la mano, le di la enhorabuena. Me miró sonriente con sus ojos enrojecidos y su bigote pringoso de gruesos grumos de vaselina y me preguntó: “¿Ha dicho que sí?”.
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Que bueno!
ResponderSuprimirSi es que a veces, el romanticismo se da de leches con el sentido común, e incluso con la propia supervivencia :D
Cada día te superas!
ResponderSuprimirBuenísimo!
Este me ha hecho llorar de la risa, qué cómico por favor!
ResponderSuprimir(y qué narrativa la tuya!)
compañero tienes dos pelotas n paro de partirme ....me duele el estomago jajjaja yo he vivido momentos memorables bajo el agua con zanganos de mayor calibre jajaja saludos
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